Erich Fromm nació en el 1900 en Frankfurt, Alemania, y formó parte de la corriente de pensa-miento denominada Escuela de Frankfurt, la cual tuvo entre sus miembros a pensadores de la talla de Walter Benjamin, Theodor Adorno, o Herbert Marcuse. Durante el año 1934, emigró a Estados Unidos para continuar su producción literaria y vanguardista en la Universidad de Columbia.
Entre sus numerosas e importante obras, podemos encontrar “El miedo a la libertad”, “Del Tener al Ser”, o la que nos ocupa en este artículo: “El Arte de Amar”.
Como ya estamos rondando el límite del hartazgo en el lector, vamos directamente al núcleo de estas líneas. En el llibro citado, Erich Fromm diserta sobre la teoría y práctica del arte de Amar, y particularmente en la sección práctica, enumera 4 (cuatro) características importantes a la hora de perfeccionar un arte, las cuales se detallan a continuación:
1. Disciplina
“En primer lugar, la práctica de un arte requiere disciplina. Nunca haré nada bien si no lo hago de una manera disciplinada; cualquier cosa que haga sólo porque estoy en el “estado de ánimo apropiado”, puede constituir un “hobby” agradable o entretenido, mas nunca llegaré a ser un maestro en ese arte. Pero el problema no consiste únicamente en la disciplina relativa a la práctica de un arte en particular (digamos, practicar todos los días, durante un número determinado de horas), sino en la disciplina en toda la vida.
2. Concentración
“El que la concentración es condición indispensable para el dominio de un arte no necesita demostración. Harto bien lo sabe todo aquel que alguna vez haya intentado aprender un arte. No obstante, en nuestra cultura, la concentración es aun más rara que la autodisciplina. `[...] Se hacen muchas cosas a la vez: se lle, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo. [...] Esta falta de concentración se manifiesta en la clara dificultad para estar solos con nosotros mismos.”
3. Paciencia
“[...] quien haya tratado alguna vez de dominar un arte sabe que la paciencia es necesaria para cualquier cosa. Si aspiramos a resultados rápidos, nunca aprendemos un arte. Para el hombre moderno, sin embargo, es tan difícil practicar la paciencia como la disciplina y la concentración. Todo nuestro sistema industrial alienta precisamente lo contrario: la rapidez. [...] La máquina que puede producir la misma cantidad en la mitad de tiempo es mucho más valiosa que la más antigua y lenta.
4. Preocupación
“Eventualmente, otra condición para aprender cualquier arte es una preocupación suprema por el dominio del arte. So el arte no es algo de suprema importancia, el aprendiz jamás lo dominará. Seguirá siendo, en el mejor de los casos, un buen aficionado, pero nunca un maestro.”
5. Integralidad
Erich Fromm habla también a continunación de cómo el dominio de un arte sólo se alcanza con la práctica de estos elementos no sólo en el arte en cuestión en sí, sino a través de la práctica del mismo en nuestra vida toda. Así, el aprendiz de un arte como la carpintería, aprende y realiza numerosas actividades que no están relacionadas directamente con el tallado de la madera, sino sólo indirectamente. De la misma manera, el ejercicio de la disciplina, la concentración, la paciencia y la preocupación (como establecimiento de prioridades o capacidad de compromiso, debe llevarse a cabo en todas las facetas de nuestra vida.
Esto es muy claro con el control de nuestras emociones, el cual es muy difícil de aplicar en nuestras mesas si no lo llevamos a la práctica con esfuerzo y dedicación, paso a paso, en nuestra cotidaneidad.



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Un saludo,
Carlos